Capítulo 12
Satanás tiene otro método para hacer daño a los creyentes. Si no puede lograr que pequen o sean
distraídos, tratará de hacerles infelices y miserables como creyentes. Esto procura hacerlo haciéndoles dudar
de su salvación. Gusta de llenar las mentes de los creyentes con dudas e interrogantes. “¿Soy realmente
cristiano? ¿Está firme y segura mi esperanza de la vida eterna? ¿Es el gozo cristiano que siento, una buena
emoción y nada más? Uno de los métodos de satanás es atacar a los cristianos llenándoles con interrogantes,
dudas, incertidumbre y miseria. Para conseguir esto, satanás utiliza tres métodos.
Primero, satanás procurará que los creyentes siempre estén preocupados acerca de sus pecados.
Hará que sus pecados les parezcan tan grandes que no puedan pensar en otra cosa, especialmente que no
piensen en su Salvador. Ningún creyente debe pensar del pecado en esta manera. Es cierto que el pecado
rodea a los creyentes y que éstos todavía pecan; no obstante, el pecado no tiene poder para condenarles. El
Señor Jesús no quita todos y cada uno de los pecados de los creyentes, es decir, todavía no son perfectos. Sin
embargo, quita la condenación del pecado. “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.”
(Rom.8:1) También Cristo les libra del reino y del poder dominante del pecado. (Rom.6:14) Los creyentes
ya no pecan libremente, ni felizmente. Ya no son los esclavos del pecado, advierten su peligro y pelean contra
él. Aunque el pecado todavía mora en ellos y se rebela, no puede controlarles, ni dominarles totalmente. El
poder del pecado ha sido quebrantado por Cristo. Por lo tanto, el creyente no debe caer en el error de pensar
solamente en sus pecados.
Segundo, los creyentes deben guardar en mente, que tan seguido Dios promete el perdón del
pecado en la biblia. Es cierto que deben pelear contra el pecado, y sin embargo en este mundo el pecado no
será erradicado de sus vidas. No deben fijarse tanto en los pecados que pierdan de vista la grandeza del
perdón del pecado. Dios dice: “Yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí, y no me acordaré de tus
pecados”. (Isa.43:25) Cristo ha pagado por los pecados de su pueblo, nadie más lo pudo hacer. Pablo dice:
“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.”
(2 Cor.5:21) Los creyentes no se sentirían miserables si otra persona pagara una deuda suya. Cristo ha
pagado la deuda de los pecados que cada creyente debía a Dios. Por lo tanto, los creyentes no deben sentirse
miserables y deprimidos como si su deuda no hubiese sido pagada.
Tercero, esto no quiere decir que los creyentes deben volverse descuidados hacia el pecado.
Satanás quiere que estén alarmados y aterrorizados por sus pecados. Los motivos de Dios en permitir que los
creyentes estén preocupados por el pecado son otros. Dios quiere que los creyentes se mantengan en humildad.
Quiere que busquen su ayuda para mortificar el pecado. Quiere que dependan de Cristo para su perdón y
fortaleza. Quiere que tengan compasión para aquellos que son sujetos a las mismas debilidades y para los que
han caído en pecado. También quiere que anhelen profundamente la liberación completa del pecado en el
cielo. Dios logra estos propósitos dejando que luchen y que sean ejercitados con los remanentes del pecado.
Los creyentes que están deprimidos, miserables y aterrorizados a causa de sus pecados, deben
arrepentirse de ese estado mental. Su depresión es ocasionada por su propia ignorancia e incredulidad. Deben
entender que el amor de Dios es completo, libre, eterno y abundante; la muerte y los sufrimientos de Cristo
son suficientes para perdonar todos sus pecados para siempre. Deben comprender mejor el valor, la gloria y
la suficiencia de la justicia de Cristo la cual les ha sido imputada. Deben creer más la gloriosa e inquebrantable
realidad de su unión espiritual con Cristo. Si tan solo los creyentes creyeran más la verdad de estas cosas, no
serían deprimidos y abrumados por satanás, ni por sus pecados.
Hay otra forma en que satanás trata de que los creyentes se sientan miserables, culpables e
inútiles. Les hace pensar que las normas para ser un creyente son tan altas que nunca las podrán alcanzar,
haciéndoles dudar así de su salvación. A satanás le gusta hacer que los creyentes piensen que su fe no es
verdadera. Quiere persuadirles que la fe es un don tan especial y tan raro que muy pocos lo tienen. Satanás les
dice a los creyentes que la fe significa no dudar nunca de su salvación y siempre creer que sus pecados son
perdonados. Si alguna vez los creyentes llegan a dudar, cuestionar o caer en ansiedad, entonces satanás les
dice que no tienen la fe verdadera.
Primero, al efectuar todo esto satanás está haciendo que la fe signifique más de lo que la biblia
dice. Dios dice en la biblia que los creyentes pueden tener la fe verdadera, sin estar seguros de que la tienen.
Si así no fuera, el apóstol Juan no hubiera escrito: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del
Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna.” (1Jn.5:13) Ellos creyeron pero no estaban seguros de
tener la vida eterna. Juan escribió para mostrarles que tenían vida eterna. Antes que supieran que tenían la
vida eterna, ellos ya habían creído, ya tenían fe. Entonces uno puede tener fe sin estar seguro de su salvación.
Segundo, Dios nos dice que la fe significa recibir a Cristo: “Más a todos los que le recibieron, a los
que creen en su nombre, les dio potestad de ser hijos de Dios.” (Jn.1:12) Satanás quiere que los creyentes piensen
que la fe significa siempre estar seguros y nunca dudar de que Dios les ame y de que su destino es el cielo. La
verdad es que puede existir la fe verdadera aún cuando haya muchas dudas. Por ejemplo, Mateo 14:31 dice:
“Hombre de poca fe, ¿Porqué dudaste?” Una persona puede creer verdaderamente y no obstante a veces
dudar. Este fue el caso de Pedro; creía, tenía fe y sin embargo dudaba.
Tercero, la seguridad es un efecto o un fruto de la fe; por lo tanto no debe confundirse con la fe
misma. Estar seguros de que somos cristianos, no es la misma cosa que creer en Cristo. La fe es lo que viene
primero y la seguridad viene después. La fe no puede perderse, la seguridad sí.
La tercera táctica del diablo para lograr que los creyentes duden, se depriman y se sientan
miserables e inútiles es que juzguen equivocadamente la providencia divina. Satanás quiere que los creyentes
piensen que Dios está en su contra y que les está tratando duramente. Satanás quiere que crean que debido
a que su vida resulta difícil, que Dios no les ama. Oran y le piden a Dios algo, pero no les contesta o les
responde negativamente. Esperan recibir algo bueno, pero terminan siendo desilusionados y se sienten
defraudados. Se esfuerzan para obedecer a Dios pero luego sus sueños son frustrados. Entonces comienzan
a pensar que Dios no se preocupa por ellos.
En tales circunstancias los creyentes deben recordar lo siguiente:
Primero, que muchas cosas pueden estar en contra de sus deseos y de sus sueños sin estar en
contra de su bien. ¿Siempre recibieron lo que querían Abraham, Moisés, Pablo, Jonás? No. Se encontraron
con muchas circunstancias providenciales contrarias a sus deseos, pero no en contra de su bien espiritual. La
providencia puede obrar contra de nuestros deseos, pero nunca en contra de nuestro bien.
Segundo, la mano de Dios puede estar en contra de una persona, al mismo tiempo que su amor
y su corazón están a su favor. La mano de Dios parecía estar muy en contra de Job, cuando en realidad Dios
le amaba mucho. El amor de Dios por los creyentes no cambia aún y cuando su providencia parezca estar en
su contra.
Tercero, las cosas difíciles que sobrevienen a los creyentes en la providencia de Dios tienen un
buen propósito. (Rom.8:28) Todas las circunstancias extrañas, oscuras, dolorosas en que los creyentes llegan
a encontrarse, siempre les adelantan en su camino hacia al cielo, en su peregrinaje hacia la felicidad. Cuando
Dios está obrando en la vida de un creyente, las cosas difíciles y duras siempre le conducen a bendiciones y
a la prosperidad espiritual. José tuvo una vida dura cuando fue vendido como esclavo y cuando fue encarcelado,
pero después fue usado por Dios para salvar a su familia. La vida puede ser confusa y a veces muy dura para
los creyentes; pero la biblia enseña que en todas estas cosas Dios nunca está obrando en su contra, sino para
su bien y el bien de otros. Dios se preocupa por su pueblo. Por lo tanto, los creyentes no deben permitir que
satanás les haga amargarse o dudar del amor de Dios.
Capítulo 13
Otro método usado por satanás para mantener a los creyentes en un estado de duda y cuestión
de su vida espiritual es diciéndoles que las evidencias de que poseen la gracia y el favor de Dios son falsas. Les
dirá que sus evidencias no son reales y que personas que no son creyentes pueden tener evidencias semejantes.
Les dirá que su fe no es el don de Dios sino una ilusión de sus propias mentes. Que su preocupación por la
obra de Dios no es superior de la que muchas personas tienen de los asuntos mundanos. Satanás les dirá que
no han crecido realmente en lo espiritual, que personas engañadas pueden alcanzar un nivel igual o mejor
que ellos. Para enfrentar estas sugerencias del diablo, debemos recordar que Dios manifiesta su gracia en dos
formas distintas, primero su gracia común y segundo su gracia especial o salvadora. Por medio de su gracia
común Dios concede bendiciones a todos, pero su gracia especial la otorga solamente a sus elegidos. Nunca
debemos confundir la diferencia entre estas dos clases de gracia. Es posible por ejemplo que muchos que no
son verdaderos creyentes parezca como si lo fuesen. Que manifiesten cierto entendimiento de la palabra de
Dios, pueden vivir una vida moralista y religiosa, cuando en realidad no son objetos de la gracia especial de
Dios. A continuación señalaremos algunas distinciones entre la gracia común y la gracia salvadora de Dios.
Primero, la gracia salvadora cambia a la persona misma, concediéndole vida espiritual, una
nueva naturaleza; entre tanto que la gracia común solamente obstruye el pecado, manteniéndole dentro de
ciertos límites permitidos por Dios. La gracia común limita el pecado y controla sus efectos, pero no transforma
interiormente las personas. La gracia salvadora de Dios transforma a la persona en su mente, sus emociones,
su voluntad. Todos los aspectos de su vida están siendo cambiados, limpiados y renovados.
Segundo, la gracia especial de Dios produce un interés profundo y personal en las realidades
espirituales y eternas: en Dios, en Jesucristo, en las promesas de Dios, en su Reino, en el cielo. Los que son
solo objeto de la gracia común de Dios pueden tener cierto conocimiento superficial de la biblia, pero su
interés en tales cosas es solo temporal y en realidad no quieren conocer a Dios, no es su deseo principal. La
biblia nos da muchos ejemplos de personas que fueron objeto de la gracia común, sin ser recipientes de la
gracia salvadora de Dios. (Por ejemplo, Judas, Demas, los fariseos, el rey Saúl, etc)
Tercero, la gracia especial de Dios produce un placer verdadero en el servicio de Dios. Para los
objetos de la gracia salvadora, los mandamientos de Dios no son gravosos, el yugo de Cristo es fácil y ligera
su carga. Los recipientes de la gracia especial de Dios encuentran gozo en la oración, la lectura de la biblia, la
comunión con otros creyentes y la adoración de Dios. El salmista habló de ésta clase de persona diciendo:
“En la ley de Jehová está su delicia.” (Sal 1:2) Para aquellos que son solo objeto de la gracia común, el servicio
de Dios es pesado, aburrido, una carga en lugar de un placer. El profeta Malaquías dice, “Habéis dicho: Por
demás es servir a Dios; ¿Qué aprovecha que guardemos su ley y que andemos tristes delante de Jehová?” (Mal.3:14)
Este es el pensamiento de aquellos que solo conocen la gracia común.
Cuarto, la gracia salvadora le hace a uno temer la perversidad de su propio corazón. Le hace
examinar cuidadosamente su propio corazón y tener cautela de su forma de vivir. La gracia común le deja a
uno satisfecho con un cristianismo superficial. Los creyentes que lo son de nombre solamente, se fijan más
cuidadosamente en otros que en sí mismos; juzgan a otros antes que a sí mismos.
Quinto, la gracia salvadora le hace a uno amar y buscar la santidad, aún cuando sea difícil y
peligroso. Los creyentes de nombre solamente, aquellos que no son realmente salvos, no perseveran cuando
la vida cristiana se vuelve difícil. Jesús habló de semejantes personas en la parábola del sembrador. (Mat.13:20-
21) La semilla sembrada entre pedregales representa a la persona que oye la palabra y al momento la recibe
con gozo, “pero no tiene raíz en sí, antes es temporal, pues al venir la aflicción o la persecución por la palabra,
luego se ofende.” El creyente verdadero, sigue a Cristo aún cuando sea difícil.
Sexto, los que gozan de la bendición de la gracia especial de Dios, quieren obedecer a Dios por
motivos espirituales. Desean orar, quieren servir a Dios, quieren escucharle porque le aman y desean agradarle.
Aquellos que solo son creyentes nominales, hacen algunas de estas cosas pero no porque amen a Dios, sino
solo para ser vistos de los hombres. Quieren que otros piensen bien de ellos pero en realidad no quieren
agradar a Dios.
Séptimo, la gracia salvadora, renovadora; conduce al deseo de abandonar, de dejar el pecado por
completo y a obedecer todos los mandamientos de Dios. Los creyentes son hechos semejantes a Caleb de
quien Dios dijo: “Por cuanto hubo en él otro espíritu, y cumplió de ir en pos de mí.” (Num.14:24) Los que solo
aparentan ser creyentes sin serlo, siguen a Dios a medias, son de doble ánimo, solo obedecen cuando les es
conveniente. Es necesario hacer una distinción entre lograr la perfección y desearla, entre el esfuerzo para
obedecer y el cumplimiento. El alma renovada puede decir: Aunque no he mortificado completamente
ningún pecado, como debiera y como quisiera, sin embargo aborrezco todo pecado. Aunque no he obedecido
perfectamente ni un solo mandamiento, como quisiera y como debiera, sin embargo amo cada mandamiento
de Dios. Todos me son preciosos, y no hay uno solo que no deseo cumplir. Este era el sentir del apóstol Pablo
en Romanos 7:15-22.
Octavo, principalmente y sobre todo, aquellos que son benditos con el amor y la gracia especial
de Dios, estiman a Cristo como la más grande bendición. Cristo mismo es suficiente para satisfacer sus
almas. Pueden gozar de Cristo sin poseer riquezas, sin placeres, sin la sonrisa de la prosperidad; de todos
modos están contentos con Cristo. Cristo es el todo, el Sumo Bien para los que conocen la gracia salvadora.
Si estamos enfermos, Él es el médico; si tenemos sed, Él es el manantial; si el pecado nos inquieta, Él es
nuestra justicia; si necesitamos ayuda, Él es poderoso para salvar; si tememos la muerte, Él es la vida; si
estamos en tinieblas, Él es la luz; si somos débiles, Él es nuestra fortaleza; si somos pobres, Él es la plenitud;
si deseamos el cielo, Él es el único camino. En contraste con los que solo tienen la apariencia de creyentes,
quienes estiman más las recompensas, los beneficios y la alabanza que reciben profesando el cristianismo
(pero que en realidad no estiman a Cristo por encima de todas las cosas), los que poseen a Cristo no carecen
de nada. Así dijo Pablo, “como no teniendo nada, más poseyéndolo todo.” (1Cor.6:10) Entonces, quienes no
poseen a Cristo, no tienen nada. ¿Ama usted al Señor Jesús más que todas las demás cosas? Si esto es así,
entonces no debe escuchar al diablo cuando quiere hacerle dudar y pensar que sus evidencias de salvación
son falsas.
Capítulo 14
Ahora vamos a considerar tres maneras en que el diablo trata de desanimar a los creyentes y
hacerles dudar. Primero, satanás atacará a los creyentes diciéndoles que no están tan llenos de gozo y
contentamiento como cuando confiaron en Cristo al principio, que han perdido el gozo y la consolación que
tenían antes. Satanás quiere que duden de su salvación porque ya no gozan de la paz y la felicidad como al
principio. ¿Qué debe hacer el creyente cuando esto le sucede?
El primer remedio divino contra ésta tentación es que no debemos confiar en nuestros
sentimientos. Satanás quiere que los creyentes confíen en sus emociones en lugar de que ejerciten su fe. Es
cierto que los creyentes no siempre se sienten felices y no siempre tienen paz, pero esto no indica que ya no
posean las bendiciones divinas de la salvación. Pueden perder su sentimiento de consolación, pero el Dios de
la consolación permanece como su padre celestial. Los creyentes pueden perder su gozo, pero esto no es nada
cuando es comparado con las bendiciones eternas que no se pierden. No pueden perder su unión con Cristo,
su justificación, su adopción, su herencia eterna, el amor de Dios, etc.. En otras palabras, aunque los
creyentes no siempre se sientan felices no dejan de pertenecer al Señor; no pueden dejar de ser hijos de Dios,
no pueden dejar de tener parte en las promesas de Dios. Dios no deja de amarles.
Segundo, por supuesto los creyentes dejan de sentirse felices en ocasiones, no obstante son
todavía creyentes. El creyente que razona así: “No tengo consolación por lo tanto no tengo gracia. He
perdido el gozo que una vez tenía. Por lo tanto mi condición no es buena y nunca fue realmente buena”. Este
tipo de razonamiento no procede de Dios. Es terrenal, es diabólico; no es de arriba sino de abajo. El escritor
del Salmo 42 dijo: “¿Por qué te abates oh alma mía, y te conturbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he
de alabarle, porque él es Salvación mía y Dios mío.” (Sal 42:11) A veces los creyentes se sienten inquietos y sin
embargo mientras sigan confiando en Dios son creyentes verdaderos, diga lo que diga satanás.
Tercero, Es cierto que el Espíritu Santo a veces hace que los creyentes sientan el amor de Dios en
una forma especial. Todos los creyentes han llegado a sentir una conciencia especial de la presencia de Dios
en diferentes ocasiones. Sin embargo, para la mayoría de los creyentes ésta no es una bendición constante o
cotidiana. Algunos creyentes experimentan un gozo especial cuando por primera vez llegan a conocer a Dios.
Es de esperarse que sea así pues acaban de pasar de las tinieblas a la luz, del peligro a la seguridad. La emoción
o el sentimiento fuerte de felicidad y bienestar no continuará para siempre así. Puede debilitarse y desvanecerse,
no obstante mientras que sigan confiando en el Señor Jesucristo, todo está bien. No importa como se sientan.
Cuarto, también Dios, inevitablemente les volverá a traer los sentimientos de gozo y de paz. Los
creyentes pueden tener un periodo de infelicidad, pero Dios normalmente no deja a su pueblo permanecer
mucho tiempo en un estado semejante. El amor de Dios está obrando para su bien y a su tiempo Dios les
hará sentir nuevamente ese amor. Los creyentes deben esperar pacientemente hasta que la paz y el gozo de
Dios regresen y entonces gozarán nuevamente de esta bendición y fortaleza de Dios. Dios no quiere que sus
hijos permanezcan desanimados y tristes. Satanás miente cuando dice a los creyentes, que por el hecho de no
sentirse como antes no son creyentes verdaderos.
Otra táctica del diablo para inquietar a los creyentes es la de recordarles qué tan frecuentemente
han caído en los mismos pecados a los cuales anteriormente habían renunciado. Esta es una triste realidad
que inquieta la conciencia del creyente y le hace dudar de su salvación. El hecho de volver a caer en los
mismos pecados puede provocar muchos temores y dudas en el alma del creyente. Inevitablemente da una
ventaja al enemigo y hace que el creyente no sea tan ferviente ni tan constante en su servicio a Dios.
En primer lugar, la biblia enseña que los creyentes verdaderos pueden caer una y otra vez en los
pecados de los cuales se han arrepentido. Los creyentes han sido librados del control y el dominio del pecado.
Están libres del amor del pecado, libres de la condenación del pecado, pero no están libres del poder de cada
pecado en particular. Ciertos pecados moran todavía en el creyente y le afectan, pero no le pueden destruir.
Los creyentes son propensos a caer en los mismos pecados, debido a que la raíz de cada pecado está todavía
en ellos. Como el fuego no está apagado completamente, no debemos suponer que es imposible que arda
nuevamente. Dios no ha prometido que los creyentes estarán completamente libres del pecado. (De otro
modo ya serían perfectos.) Aunque su arrepentimiento ha sido profundo y lo más sincero posible, puesto
que las gracias espirituales son todavía débiles y la mortificación incompleta, no debemos sorprendernos de
que vuelvan a caer. Los creyentes más destacados de la biblia a menudo volvieron a caer una y otra vez en los
mismos pecados. Por ejemplo, Abraham, David y Pedro cayeron varias veces en los mismos pecados. Aun las
bendiciones más grandes y las experiencias más dulces del amor de Dios no son una barrera suficientemente
fuerte para evitar las caídas. No debemos pensar que por el hecho de caer en el mismo pecado uno ya no sea
creyente verdadero. Debemos señalar que es raro que Dios permita que alguno de sus hijos caiga en un
pecado grave. La gracia de Dios no dejará que los creyentes sean esclavizados nuevamente por el pecado.
Otra táctica del enemigo consiste en decirles a los creyentes que no son cristianos genuinos por
ser tentados tan frecuentemente. Esto no es verdad; el ser tentados no es pecado. Todos los creyentes son
tentados, y las escrituras indican que los mejores y más amados creyentes son los que más han sido tentados
por satanás. No solo David, Job, Pedro, sino Cristo mismo, el amado del Padre, fue tentado severamente. Si
estos, los más eminentes y destacados creyentes que han vivido en la tierra fueron tentados, entonces ningún
creyente debe juzgarse como no amado por ser tentado. Las pruebas y las tentaciones son parte esencial de la
vida de cada creyente. De hecho las tentaciones pueden convertirse en medios de bendición. Las tentaciones
nos pueden enseñar el poder del pecado, nuestra propia debilidad, nuestra necesidad de la continua ayuda de
Dios. Las tentaciones no hacen daño a los creyentes si las resisten; lo que les hace daño es ceder ante ellas.
Satanás es un enemigo envidioso y malicioso. Tal como sus nombres, así es su persona: el acusador, el
tentador, el destructor, el enemigo, el hombre fuerte, etc. Le gusta tentar a los hombres con los pecados que
les traerán honor o ganancias: “Todo esto te daré, si postrado me adorares.” (Mat.4:9) A veces manifiesta su
malicia tentándonos a cometer pecados que antes no hacíamos o a cometer los mismos pecados que
abominamos en otros. Es nuestro honor y la más alta sabiduría que resistamos a satanás al inicio de las
tentaciones. “Quítate de delante de mí satanás.” (Mat.16:23)
Martín Lutero aconsejaba a los creyentes que cuando fueran tentados respondieran al diablo
con estas palabras, “Yo soy un creyente.” Satanás siempre tratará de tentar a los creyentes. Los siguientes
motivos nos pueden ayudar a resistir las tentaciones del diablo: el amor de Dios, el honor de Dios, la unión
y la comunión con Dios, la sangre de Cristo, la muerte de Cristo, la bondad de Cristo, la intercesión de
Cristo y la gloria de Cristo. Además el creyente puede encontrar motivos en la morada del Espíritu, la voz del
Espíritu, el consuelo del Espíritu, la ayuda del Espíritu y el testimonio del Espíritu Santo. También el creyente
puede encontrar múltiples motivos para resistir la tentación en estos: la gloria del cielo, la excelencia de la
gracia, la belleza de la santidad, el valor del alma, la amargura y la maldad del pecado, etc. El pecado más
pequeño posee más maldad que la tentación más grande del mundo.
Satanás moldeará sus tentaciones de acuerdo a las inclinaciones y el carácter de cada persona. Si
son personas dotadas y muy capacitadas, serán tentadas a la autosuficiencia y la presunción. Si son personas
temerosas e inseguras, les tentará a la preocupación y la ansiedad. Aquellos de conciencia sensible les tentará
a preocuparse por cada detalle y cada cosa que hacen, por muy insignificante que sea. Si son personas
flexibles, serán tentados a la inconstancia y a comprometerse indebidamente. Si son personas orgullosas,
serán tentadas a la obstinación y la necedad, etc. El conocernos a nosotros mismos puede ayudarnos mucho
a resistir las tentaciones del enemigo. No debemos olvidarnos de que, el ser tentado no es lo mismo que
pecar.
Capítulo 15
Satanás ataca a los creyentes de acuerdo a su posición económica y a su clase social. Algunos
creyentes son pobres y otros son ricos, algunos son poderosos y otros débiles, algunos muy famosos y otros
desconocidos. Cada posición en la vida en la cual se desenvuelven los creyentes tiene sus peligros y tentaciones
particulares. Satanás tienta a algunos creyentes en ciertas maneras especiales. Tiene sus tentaciones especiales
para los ricos y los poderosos y otras tentaciones que utiliza en contra de los pobres. En este capítulo tocaremos
algunas maneras especiales en que satanás ataca a los creyentes poderosos, influyentes y a los pobres.
Primero, satanás trata de que los creyentes piensen que deben tener más éxito, deben ser más
influyentes, que deben ser más conocidos, que logren obtener más dinero. Satanás quiere que los creyentes
piensen tanto en elevar su nivel de vida, que se olviden de Dios. Satanás siempre ha usado esta táctica para
distraer a los creyentes. El apóstol Pablo reconoció esta táctica del enemigo cuando dijo, “todos buscan lo suyo
propio y no lo que es de Cristo Jesús.” (Fil.2:21) Esto es muy triste y debe servirnos de advertencia acerca del
preocuparnos tanto por nosotros mismos que ya no nos importe servir a Dios ni ayudar a los otros creyentes.
El primer remedio contra esta táctica es el fijarnos bien en como esta mentalidad conduce a un sin número
de pecados contra la ley de Dios y contra el evangelio. El buscar tener cada vez más dinero, más poder, más
influencia, es dañino. Inevitablemente corrompe el alma. Los que quieren más dinero y más posesiones, les
conducirá a servir a la criatura más que a Dios. Muy pronto estarán dispuestos a hacer o decir cualquier cosa,
simplemente para conseguir más de lo que otros tienen. Muy fácilmente se vuelven personas deshonestas y
comienzan a hacer daño a las personas que son más pobres o más débiles que ellos. El carácter de uno es
afectado y su vida espiritual debilitada. Es sorprendente que tan pronto algunas personas son desviadas por
el afán de esta vida y el engaño de las riquezas. (Mat.13:22)
Segundo, no es sorprendente que Dios se oponga a los que buscan grandes cosas para sí mismos.
Es el décimo mandamiento que prohibe la codicia. En Colosenses 3:5 Pablo dice que la avaricia es idolatría.
También en 1Tim.6:8-10 dice, “Así que teniendo sustento y con que cubrirnos, seamos contentos con esto. Porque
los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias locas y dañosas, que hunden a los
hombres en perdición y muerte. Porque el amor del dinero es la raíz de todos los males: El cual codiciando algunos
se desviaron de la fe y fueron traspasados de muchos dolores.” Dios advierte a su pueblo acerca de buscar el
dinero, las posesiones o el poder, simplemente por poseerlos. Frecuentemente los que buscan estas cosas se
destruyen a sí mismos, y la biblia nos da muchos ejemplos de los que se destruyeron en esta manera. (Por
ejemplo, Judas, Demas, Balaam, Faraón, Giezi, Amán, Acab, etc.)
Tercero, debemos imitar el ejemplo de los que han hecho bien a otros en lugar de buscar todo
para nosotros mismos. Tales personas son el ejemplo a seguir para los creyentes. Cristo es el ejemplo más
grande de hacer el bien a otros. Aunque poseía todo poder siendo el glorioso Hijo de Dios, se despojó a si
mismo y vino en la forma de un siervo a salvar a su pueblo llevando su pecado y sufriendo la ira de Dios en
su lugar. No puede haber un ejemplo más grande de auto-negación para el bien de otros. “No mirando cada
uno a lo suyo propio, sino cada cual a lo de otros.” (Fil.2:4) Solamente así podremos verdaderamente prosperar.
Cuarto, no importa si somos pobres o ricos, debemos tomar muy en serio las palabras del
apóstol Pablo cuando dijo, “he aprendido a contentarme con lo que tengo. Se estar humillado y se estar en
abundancia: por todo y en todo estoy enseñado, así para hartura como para hambre, así como para tener abundancia
como para padecer necesidad.” (Fil.4:11-12) Es necesario comprender que la codicia y el egoísmo son pecados
que afectan al pobre y al rico, al rey y al siervo, al general y al soldado. Entonces, no olvidemos la pregunta
que Jehová hizo a Baruc, el sirviente de Jeremías: “¿Y tu buscas para ti grandezas? No las busques...” (Jer.45:5)
Otra táctica usada por el diablo está dirigida hacia aquellos que tienen ciertas capacidades,
habilidades o preparación. El enemigo les tienta a enorgullecerse de sus capacidades y a confiar en ellas.
Frecuentemente caen en el pecado de menospreciar a aquellos que tienen menos capacidades o poca
preparación.
El primer remedio contra esta táctica consiste de siempre guardar en mente que nuestras
habilidades, nuestra inteligencia y nuestra educación son dones a préstamo. Son dones pertenecientes a
Dios. El apóstol Pablo dijo a los creyentes en Corinto que no se envanecieran unos contra otros, preguntándoles,
“¿Quién te distingue? o ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿De qué te glorias como si no lo hubieras
recibido?” (1Cor.4:7)
Segundo, consiste en recordar como muchos que han confiado en sus capacidades y habilidades
han terminado en ruina. Muchos han sufrido por creer que sabían mucho, más que Dios. Los escribas y los
fariseos son ejemplos de ello. No hay nada que le provoca más a Dios a abandonar a una persona como la
vana confianza en si mismo. La miseria nunca está lejos de la puerta de aquel hombre que descanse en algo
distinto de la gracia de Cristo. Con frecuencia Dios les deja a sus propios recursos a los que confían en su
propia fuerza y capacidad. Muchos se han desencaminado por confiar en su propia sabiduría. “Fíate de
Jehová de todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia... no seas sabio en tu opinión.” (Prov.3:5-6)
Tercero, hay muchos creyentes que aunque posean menos habilidad, sin embargo tienen más
gracia y son más santos. Puede haber y frecuentemente ocurre así, que los que tienen muchas habilidades y
capacidades, tienen muy poca gracia o ninguna. Por otra parte, es común que uno tenga mucha gracia y
pocos dones. Usted puede tener muchas habilidades y mucho conocimiento, mientras que otros se han
adelantado en su comunión con Dios, en su dependencia de Dios, en su amor para con Dios y en su andar
con Dios.
Capítulo 16
A satanás le gusta especialmente hacer daño a la iglesia local, y esto lo procura hacer provocando
divisiones entre ellos. Quiere lograr que se ataquen unos a otros, que se hieran entre ellos. Desea que se
encelen y amarguen unos contra otros. Si satanás puede lograr divisiones entre los creyentes, puede hacer
mucho daño a la obra de Dios. Por esta razón el Nuevo Testamento nos advierte continuamente acerca de no
amargarnos ni resentirnos los unos para con los otros. En Gálatas 5:15 el apóstol Pablo dice, “Si os mordéis y
os coméis los unos a los otros, mirad que también no seáis consumidos los unos por los otros.” En seguida señalaremos
once formas que ayudan a los creyentes a vivir en paz y amarse los unos con los otros.
Primero, los creyentes deben fijarse más en las bondades de sus hermanos que en sus debilidades
y pecados. Cada creyente tiene sus fallas y sus defectos, no hay nada agradable en poner la vista solo en el mal
que hay en otros creyentes. En lugar de verlos con una actitud crítica, debiéramos fijarnos en el bien que
Dios está haciendo en ellos. Vemos en la biblia muchos ejemplos de como Dios se fija más en las virtudes de
su pueblo que en sus defectos. Esto lo notamos por ejemplo en el caso de Job; no hay duda de que Job se
enojó y trató de justificarse a si mismo bajo la presión de sus problemas. Pero lo que Dios señala en su vida
es su paciencia y su fidelidad en el sufrimiento. Santiago dice, “Habéis oído la paciencia de Job.” Vemos algo
semejante en el registro de los héroes de la fe de Hebreos 11; Dios destaca la fe de Abraham, de Sara, de
Moisés, de Jacob y de otros, sin hablarnos de sus fallas.
Segundo, la unidad da fortaleza, la desunión debilita. Mientras los creyentes estén unidos podrán
aguantar toda la oposición del mundo y del diablo. Cuando están divididos no pueden mantenerse firmes
ante las pruebas más sencillas. Es por eso que el apóstol Pablo nos exhorta a que mantengamos la unidad en
el Espíritu. (Efe.4:3)
Tercero, Dios ha ordenado a todos los creyentes a que se amen los unos a los otros. Juan 13:34-
35 dice, “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos,
si tuviéreis amor los unos por los otros.” Juan 15:12, “Este es mi mandamiento: Que os améis los unos a los otros,
como Yo os he amado.” Romanos 13:8, “No debáis a nadie nada, sino amaros unos a otros; porque el que ama al
prójimo cumplió la ley.” Hebreos 13:1, “Permanezca el amor fraternal.” 1 Juan 4:7-8, “Carísimos, amémonos
unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no
conoce a Dios; porque Dios es amor.” 1 Pedro 1:22, “Amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro.” 1
Pedro 3:8, “Finalmente, sed todos de un mismo corazón, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos,
amigables.” 1 Juan 3:11, “Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a
otros.” 1 Juan 3:23, “Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos
unos a otros como nos lo ha mandado.” 1 Juan 4:11, “Amados, si Dios nos ha mandado así, debemos también
nosotros amarnos unos a otros.”
Cuarto, debemos fijarnos más en las cosas en que estamos de acuerdo que en aquellas en que
hay diferencia de opinión. Los creyentes verdaderos deben estar de acuerdo respecto a las cosas que son
enseñadas claramente en la Biblia. La Palabra de Dios enseña las cosas más importantes en forma muy
explícita y sin dejar lugar a dudas. Los creyentes no deben perder su tiempo discutiendo acerca de puntos
menores, ni mucho menos dejarse dividir por estas cuestiones.
Quinto, Dios ama la paz y los creyentes deben estar en paz los unos con los otros. Dios es el
Dios de paz; Cristo es el príncipe de paz; el fruto del Espíritu Santo es amor, gozo y paz. Nuestro Señor dijo,
“Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios.” (Mat.5:9) Cuando los creyentes
viven en paz los unos con los otros, gozan de la bendición de Dios.
Sexto, los creyentes deben poner mucho cuidado en mantener su paz con Dios. Esto quiere
decir que deben confesar sus pecados y arrepentirse cada día; si no mantienen la paz con Dios no tendrán la
paz con los demás creyentes. Proverbios 16:7 dice, “Cuando los caminos de los hombres son agradables a Jehová,
aún a sus enemigos pacificará con el.”
Séptimo, los creyentes deben guardar en mente que forman parte de una unidad espiritual con
los demás creyentes y que son hermanos y hermanas en Cristo. Esta consideración le condujo a Abraham a
decir a Lot, “No haya ahora altercado entre mí y tí... porque somos hermanos.” (Gen. 13:8) Los miembros de
una iglesia local no deben olvidarse de que son miembros de un cuerpo; su relación es semejante a la que
existe entre los miembros de un cuerpo humano. Cada miembro del cuerpo humano ayuda a las otras partes
del cuerpo. Cada miembro recibe fuerza y sostén de los demás; así debe ser entre los creyentes. “¡Mirad cuán
bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos y en armonía!” (Sal.133:1)
Octavo, la desunión entre los creyentes en la iglesia local hace mucho daño a la obra de Dios. La
división entre ellos es el triunfo del diablo. Dios es deshonrado, y su nombre no recibe gloria cuando los
creyentes discuten entre ellos. Inevitablemente algunos buscadores del Reino serán desanimados cuando ven
estas cosas entre nosotros.
Noveno, debemos ser los primeros en procurar diligentemente la paz y la unidad. No debemos
esperar a que otros lo hagan. “Seguid la paz con todos y la santidad.” (Heb.12:14) “Así que sigamos lo que
contribuye a la paz y a la mutua edificación.” (Rom.14:19) Con el uso de la palabra “seguid,” el apóstol
enfatiza la necesidad de que busquemos la paz tan ordenadamente como el cazador persigue a su presa sin
descanso hasta conseguirla.
Décimo, otro remedio contra este tipo de ataques del diablo es juzgarnos a nosotros mismos
antes que a otros. Los que practican el autoexamen y se juzgan a si mismos tienen mucho cuidado en su
manera de juzgar a los demás. “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.” (Jn.7:24) “No
juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio que juzgáis, seréis juzgados y con la medida que medís, os
será medido.” (Mat.7:1-2) “El que come no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come;
porque Dios le ha recibido.” (Rom.14:3) “Pero tu, ¿Porqué juzgas a tu hermano? o tu también, ¿Porqué menosprecias
a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.” (Rom.14:10) “Así que, no juzguemos
más los unos a los otros: Antes bien juzgad de no poned tropiezo o escándalo al hermano.” (Rom.14:13) “Así que,
no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual también aclarará lo oculto de las tinieblas, y
manifestará los intentos de los corazones, entonces cada uno tendrá de Dios la alabanza.” (1Cor.4:5) “Hermanos,
no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, este tal juzga a la ley; pero
si tu juzgas a la ley, no eres guardador de la ley sino juez. Uno es el dador de la ley que puede salvar y perder; pero
tú, ¿Quién eres para que juzgues a otro?” (Stg.4:11-12) “¿Tu quién eres que juzgas al siervo ajeno? para su propio
señor está en pie o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.” (Rom.14:4)
Onceavo, los creyentes deben vestirse de humildad. “Nada hagáis por contienda o por vanagloria;
antes bien en humildad estimándoos inferiores los unos a los otros.” (Fil.4:3) El creyente humilde que puede ver
el mal de su propio corazón, puede ver el bien que Dios está realizando en otros. Si los creyentes fueran más
humildes, estarían menos propensos al orgullo que es el arma principal que el diablo utiliza para dividirlos.
Capítulo 17
Satanás quiere hacer daño no solo a los creyentes sino también a los incrédulos. Quiere lograr
que no crean en Cristo. Hará todo lo posible para impedir que se arrepientan y confíen en el Señor.
Frecuentemente satanás hace que los incrédulos sientan demasiado grandes sus pecados como
para ser perdonados. Les dirá que Dios puede perdonar a otras personas pero no a ellos, porque son demasiado
pecadores. Los que son tentados a pensar así deben saber que entre más que sea su pecado, mayor es su
necesidad de Cristo. Los que están sanos no son los que necesitan médico, sino los que están enfermos. Entre
mas grave es la enfermedad, la necesidad de médico es mas grande. A nuestro Señor Jesús le complace tener
misericordia y perdonar a grandes pecadores.
Dios ha prometido perdonar a todos los que acuden a Él. La magnitud de sus pecados no es
ningún obstáculo para tener misericordia de ellos. Dios dice, “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus
pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia y al Dios nuestro el cual será amplio en
perdonar.” (Isa.55:7). Algunos de los pecadores más grandes han sido perdonados por Dios. Pablo dice que él
era un hombre cruel y violento hacia los creyentes y que no obstante “fue recibido a misericordia.” (1 Tim.
1:13) Dios no dice en la biblia que haya ciertas clases de pecadores que no puedan ser perdonados. Jesús
puede salvar perpetuamente a todos los que por Él se acercan a Dios. (Heb.7:25)). Podríamos discutir o
argumentar que entre más grande es el pecador es más probable que Cristo tenga misericordia de él. Los
sufrimientos más grandes de Cristo fueron a favor de los más grandes pecadores.
Entre más tiempo que una persona se resiste a someterse a Cristo, más crece su pecado. El
hombre natural no tiene poder en sí mismo para resistir el pecado.
Entonces la idea de que sus pecados sean muy grandes no debe obstaculizarles para creer en
Cristo. Conocer a Cristo es la bendición más grande, más importante y más completa que una persona
puede recibir. Todos los que no creen en Cristo serán condenados por sus pecados. “El que cree en el Hijo tiene
vida eterna; mas el que rehusa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.” (Jn.3:36)
Hay otra manera que satanás intenta para persuadir a los pecadores a que no crean en Cristo.
Les hace pensar que son indignos de ser perdonados por Dios. La biblia no dice en ninguna parte que Dios
necesite esperar a que los pecadores se reformen o sean buenos para poder salvarlos ¡Todo lo contrario! Las
únicas personas perdonadas fueron las que no eran dignas. Zaqueo no fue suficiente bueno porque había
robado injustamente el dinero de muchas personas. Sin embargo, la salvación le llegó a Zaqueo y fue perdonado.
Pablo atacaba a los creyentes y los persiguió cruelmente, no obstante él también recibió misericordia. Estas
personas no eran dignas del amor de Dios. ¡Nadie es digno del amor de Dios!
Nadie vendrá a Cristo si espera a ser lo suficientemente bueno. El método divino es que primero
crean en Cristo aunque sean indignos. Solamente creyendo en Cristo pueden ser cambiados por Dios.
Hay un tercer método usado por satanás para estorbar a los hombres a que crean en Cristo.
Satanás les dice que no están preparados para creer, que necesitan tener ciertas experiencias antes de estar
listos. Satanás les dirá que no han sido humillados lo suficiente para ser creyentes. De una manera u otra
satanás les hará pensar que les hace falta alguna preparación para poder creer en Cristo.
Por supuesto Cristo ha salvado a algunos que parecían no estar muy preparados. Jesús dijo a
Mateo, “sígueme.” (Mat.9:9) La escritura no dice que Mateo sintiera profundamente su pecado o que fuera
muy humillado o que fuera preparado en forma alguna. Mateo simplemente siguió a Cristo y Dios cambió
su vida. Dios no llama a todos los creyentes en la misma manera. Algunos son traídos a Cristo después de
muchas tormentas, problemas y crisis espirituales; otros son traídos en forma tierna y quieta. El Espíritu
Santo hace su obra en la forma que Él quiere. Nunca debemos tratar de establecer ciertos requisitos o
experiencias que uno debe tener para decir que está lista para creer en Cristo. (Por ejemplo: Sentir cierto
terror del infierno, experimentar cierto grado de convicción de pecado, etc.) Es cierto que cada creyente
siente la tristeza, la vergüenza y la convicción de sus pecados, pero estas cosas nacen de la fe en Cristo. La fe
es la tierra en la cual crece la tristeza y el arrepentimiento del pecado. Las escrituras no enseñan que una
persona tiene que pasar por una desesperación intensa antes de que pueda acudir a Cristo. La palabra de Dios
nos llama a acudir a Cristo tal como somos. La experiencia de convicción es variable, no obstante sus elementos
esenciales son los mismos. Por lo tanto, no debemos pensar que es necesario que cada convicto sienta
exactamente lo mismo para poder estar preparado a creer en Cristo. Estas son algunas de las artimañas de
satanás para tratar de impedir que los pecadores acudan a Cristo: que sus pecados son demasiado grandes,
que no son dignos de ser perdonados y que no están preparados. Los pecadores no deben escuchar estas
mentiras sino la voz del Señor que les llama al arrepentimiento y la fe en su sacrificio como único camino
para ser salvos.
Capítulo 18
Ahora en este último capítulo vamos a pensar en algunos hechos importantes que los creyentes
deben considerar cuando son tentados.
Primero, los creyentes no deben echar la culpa de sus pecados a satanás. Ellos mismos tienen
una naturaleza pecaminosa la cual hace que el pecado les parezca atractivo. Satanás les puede conducir hacia
el pecado, pero no puede obligarles a que pequen. Satanás les puede persuadir a pecar pero no les puede
forzar a efectuarlo. Entonces los creyentes cuando caen en el pecado, no deben excusarse diciendo que
satanás les tentaba; son todavía responsables por sus pecados.
Segundo, al mismo tiempo los creyentes deben darse cuenta de que satanás tiene algo que ver
con la mayoría de sus pecados. Fue satanás quien tentó a Adán y Eva. Satanás puso en el corazón de Judas el
entregar a Cristo a sus enemigos. Sin embargo, satanás necesita dos clases de permiso antes de que pueda
hacer algo en los creyentes. Primero veamos del caso de Job: Satanás tuvo que pedirle permiso a Dios antes de
poder hacerle cosa alguna a Job. Dios dijo a satanás que podía atacar a Job pero que no quitara su vida.
Entonces, satanás necesita conseguir el permiso de Dios para poder atacar a los creyentes. Segundo, en el
libro de Hechos vemos como satanás llenó el corazón de Ananías para que mintiera a los apóstoles y a Dios;
sin embargo, el apóstol Pedro preguntó a Ananías porqué dejaba que satanás llenara su corazón. Entonces
podemos ver que Ananías dio permiso a satanás para que le condujera a ese pecado. (Hech.5:3) Entonces
satanás necesita conseguir el permiso de los creyentes antes de poder hacerles daño.
Tercero, las únicas armas que son útiles para resistir al diablo son espirituales. “Vestíos de toda la
armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.” (Efe.6:11) La fuerza humana
es impotente en contra del diablo. Las buenas intenciones, la voluntad humana y las mejores resoluciones no
son suficientes en esta lucha. Satanás es demasiado fuerte, los creyentes necesitan el poder de Dios y la verdad
de Dios para resistir las tentaciones. Cristo le contestó al diablo con la palabra de Dios. Pablo dice a los
creyentes que se fortalezcan en el Señor y en el poder de su fuerza. (Efe.6:10)
Cuarto, los creyentes deben acordarse de que satanás ya ha sido derrotado. Cristo triunfó sobre
satanás cuando murió en la cruz. Ahora proporciona a su pueblo el poder para vencer a satanás. Algún día la
victoria de Cristo sobre satanás se manifestará a los ojos del mundo. “El Dios de paz aplastará en breve a
satanás bajo vuestros pies.” (Rom.16:20) Satanás es un adversario derrotado. Cristo le ha derrotado y pone
en nuestras manos las armas para derrotarlo también.
Mientras tanto, satanás sigue atacando a los creyentes. ¿Porqué tiene poder satanás de tentar a
los creyentes? Le es permitido tentar a los creyentes para mantenerlos humildes, despiertos y conscientes de
su dependencia del poder de Dios. Satanás ha estado desarrollando su capacidad para tentar a los creyentes
desde la caída. Durante miles de años ha tenido experiencia tentando a los creyentes. Apocalipsis le llama,
“la serpiente antigua.” (Apo.12:9) A veces se le permite a satanás tentar a los creyentes porque rehusan
obedecer a Dios. En ocasiones Dios les deja recibir lo que merecen; son engañados y derrotados por satanás.
También se le permite a satanás tentar a los creyentes para que se muestre el poder y la misericordia de Dios.
Cuando los creyentes son fortalecidos para pelear contra satanás y resultan vencedores, Dios es glorificado.
Entonces no es sorprendente que la vida cristiana sea una guerra continua contra el maligno.
En seguida mencionaremos algunas maneras en que los creyentes pueden fortalecerse para este
conflicto espiritual.
Primero, los creyentes deben andar conforme a las reglas de Dios. La Biblia, la Palabra de Dios
debe gobernar en sus vidas. El descuido de la Palabra de Dios le da a satanás una ventaja. El que piensa que
no necesita depender de la guía de la Palabra será desviado y engañado por el diablo.
Segundo, Los creyentes deben tener cuidado de no contristar al Espíritu Santo. El Espíritu
Santo nos enseña como vencer al diablo, como evitar sus trampas y artimañas. El Espíritu Santo nos fortalece
para la batalla. “El que en vosotros está, es mayor que el que está en el mundo.” (1Jn.4:4)
Tercero, los creyentes deben buscar más sabiduría y madurez espiritual. El conocimiento de la
verdad no basta. Nos hace falta la sabiduría y la madurez espiritual para poner en práctica nuestro
conocimiento. El libro de proverbios nos servirá mucho para ir adquiriendo esta sabiduría.
Cuarto, los creyentes deben seguir siendo llenos del Espíritu Santo. No es suficiente que el
Espíritu more en nosotros; “Sed llenos del Espíritu.” (Efe.5:18) Esto es más que el mero hecho de no
contristar al Espíritu Santo. Significa dejarnos guiar y controlar por el Santo Espíritu., significa crecer en las
virtudes del Espíritu que son contrarias a los frutos de la carne que el diablo utiliza para tentarnos.
Quinto, debemos velar. Satanás nos está vigilando y nosotros debemos estar alertas. El alma
que no vela contra las tentaciones inevitablemente caerá bajo el poder de ellas. “Velad y orad para que no
entréis en tentación.” (Mat.26:41)
Sexto, los creyentes deben resistir a satanás al principio de la tentación. No deben discutir con
el, sino que deben huir de el. Eva se puso a argumentar con el diablo y terminó vencida. Santiago 4:7 dice,
“Resistid al diablo que de vosotros huirá.”
Séptimo, debemos mantener nuestra comunión con Dios. Mientras David mantuvo su comunión
con Dios, estuvo firme y triunfó sobre todos sus enemigos. Cuando se relajó y descuidó la comunión con
Dios, fue derrotado fácilmente por las tentaciones del diablo.
Octavo, los creyentes deben orar y buscar nuevas fuerzas cada día. No pueden contar con la
fuerza que tuvieron en el pasado; necesitan nuevas fuerzas cada día. Necesitan recibir fortaleza continuamente.
Esta fortaleza puede recibirse solamente por la oración, el estudio de las escrituras y el compañerismo cristiano.
Por último, debemos estar agradecidos cuando escapamos de los ataques del diablo. Es una
bendición muy grande cuando somos ayudados por Dios a resistir la tentación. Escapamos del peligro y de
muchas tristezas que de otro modo habríamos sufrido. Mientras que los demás hombres son llevados cautivos
por el enemigo de sus almas, los creyentes deben estar agradecidos que no les suceda lo mismo.
Iglesia Bautista de la Gracia
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